Sobre la exposición

MEMORIAS DE LA ESCENA TEATRAL CALEÑA

INTRODUCCIÓN

Esta historia que hoy termina (al menos en una primera fase) de manera exitosa, pudo tener otro final, incierto y, probablemente, menos afortunado. 

A principios de los años 90 del siglo pasado recibo una llamada del fotógrafo Pedro Nel Rey quien me dice, en un tono que en el momento sentí como amenazante, lo siguiente: 

-¡Gabriel, tengo un mundo de negativos y ya no se que hacer con ellos. No tengo donde guardarlos. No son míos y, la verdad, no me interesan! 

Pedro fue, desde la llegada a Cali después de su estadía en París en la década de los 60, el fotógrafo oficial del Teatro Experimental de Cali, TEC. En 1971 había hecho una bella y valiosa película sobre la presencia del TEC en París y desde ese momento estableció con el grupo una amistad inquebrantable basada en una mutua admiración: por parte de él hacia el TEC por las maravillosas puestas en escena de Soldados y La Orgía, entre otras obras , y del TEC hacia él por la calidad de sus fotografías de teatro, en especial las que le tomaba al grupo. Adicionalmente, por su condición de “hombre bueno” como lo define su sobrino y escritor residente en México Mario Enrique Rey, por su aspecto simpático: baja estatura, pelo rizado, sonrisa infaltable, su coquetería directa y juguetona, Pedro fue querido por los hombres y las mujeres del TEC. Lo recuerdo siempre en su presencia pequeña pero contundente como una afirmación mitológica mezcla de sátiro alegre y ángel inquieto. Su voluminosa cámara fotográfica colgada del cuello y sostenida por su mano izquierda a la altura del abdomen, quizá para evitar una pérdida de equilibrio por el peso, y con la otra mano abrazando a las actrices para quienes era una fiesta la aparición de Pedro en la sala del TEC. Cuando Pedro estaba en el TEC no paraba de disparar su cámara. No me cabe duda que las mejores fotografías de Enrique Buenaventura las hizo Pedro no solo en sus visitas a la sala de teatro sino también a los incontables encuentros para comer de la mejor manera y tomarse unos whiskies con el maestro en su apartamento. 

La llamada de Pedro continuó así: 

– Como sé de tu interés por la fotografía, te ofrezco la posibilidad de que te quedes con ellos.

¿Cuándo comenzó mi interés por la fotografía? No lo sé con precisión. Quizá el culpable fue el mismo Pedro Rey sin darse cuenta. Fui compañero de su sobrino Mario Enrique Rey en el colegio de Santa Librada y Mario tenía y tiene una admiración infinita por su tío. Nos contaba con tanta pasión la estadía de su tío en París en su condición de fotógrafo y cineasta, que no sabíamos si hablaba desde la admiración o la veneración. Creo que Pedro también profesaba por su sobrino un cariño especial, quizá porque Mario, desde muy joven reveló inclinaciones artísticas: perteneció al grupo estudiantil de teatro del colegio dirigido por el inolvidable Alfonso Salazar. De esta relación a distancia con Pedro antes de conocerlo me quedaron algunos números (que aún conservo) de la revista Les Temps Modernes de Jean Paul Sarte y Simone de Beauvoir. En el fondo, gracias a la promoción de Mario, todos quisimos ser fotógrafos como Pedro sin siquiera haber tenido una cámara en nuestras manos. 

Adquirí mi primera y única cámara fotográfica marca Minolta porque se la compré a plazos a William Ausletia. Mi hija Susana había nacido ya y no quería perderme ningún momento de su desarrollo vital. Por lo tanto, era necesario tener a mano la cámara preparada con rollo listo y ajustado a las condiciones de luz de espacios interiores. Con gran esfuerzo económico conseguíamos los rollos y registrábamos los momentos más importantes de la vida familiar. Revelar los rollos y ampliar las fotos era otro esfuerzo extraordinario pues nuestros ingresos no permitían semejante veleidades. Confieso que varios de esos rollos pude apreciarlos hace poco tiempo. Poco tiempo después aprendí de Diego Vélez y Diego Montoya los misterios alquímicos del revelado de rollos, ampliación en papel, empujado de velocidades y con estos conocimientos emprendí la aventura mágica de los cuartos oscuros, su luz roja de seguridad, sus cubetas y químicos que producen la fantasía de la aparición de la imagen, el olor penetrante de la combinación de elementos y el encierro por horas hasta lograr la fotografía perfecta. 

– Gabriel, si no vienes en una hora por los negativos, ¡los tiro a la basura! 

De esta manera concluyó la conversación telefónica con Pedro. Me pareció una tragedia el final de cientos de negativos de fotografías en una caneca de basura. No sé si cumplí con el plazo perentorio de una hora, pero al llegar a casa de Pedro fui recibido por él mismo en la puerta con un cartapacio compuesto por sobres y cajas de cartón que recibí como si fuera un diploma que me graduaba como guardián de un tesoro invaluable. 

Desde ese preciso momento no paré de pensar sobre el futuro de esos negativos. Eran muchos, no parecían en buen estado de conservación, no estaba claro quien o quienes eran sus autores ni en qué consistía su contenido, qué valor fotográfico pudiesen tener. De todas maneras, asocié mi condición a la misma de Prometeo:

Haber “robado” algo que no me pertenecía para entregarlo a la humanidad. Pero, ¿cuándo? 

La convocatoria interna de la Vicerrectoría de Investigaciones de la Universidad del Valle de 2019 fue la oportunidad para “socializar” el tesoro guardado por tanos años. El desarrollo de una convocatoria anterior también de la Universidad del Valle, la de 2015 que nos permitió escribir el libro La creación colectiva y la utopía insurreccional: análisis de las obras representativas del TEC y La Candelaria, escrito por el equipo de investigación compuesto por Mauricio Domenici, Juseth Vásquez, María del Mar Ariza y el suscrito, fue la oportunidad de empezar a dimensionar el valor de los archivos de negativos en mi poder. En efecto, para ilustrar algunas de las obras analizadas, ampliamos algunas fotografías que habíamos podido identificar de los negativos y encontramos no solo la belleza de unas imágenes fotográficas sino también la posibilidad de sondear en una histórica que estaba a punto de sucumbir en la laguna del olvido. Y empezaron las preguntas de rigor: quienes están en las fotos, quien las tomó y en qué circunstancias. De alguna manera, estas preguntas determinaron la necesidad de plantear con toda seriedad y con el máximo rigor el proyecto de investigación creación que hoy estamos a punto de concluir. 

Imágenes que interrogan. 

A medida que se desarrolla el trabajo, en la medida que el misterio empieza a develarse, cada vez que aparece una imagen nueva ante nuestros ojos, sentimos que desde ese lugar insondable del pasado las imágenes nos interrogan, nos enfrentan, nos confrontan. Es como si nos reclamaran por haberlas extraído de una dimensión en la que ya se sentían cómodas. A ver, ¿quién soy? ¿Qué hago? ¿Para qué me quieren? ¿Qué va a ser de mí ahora que salgo a la luz? 

Las comprendemos y tratamos de justificarlas. Necesitamos crearnos un derecho por haber transgredido su estado de reposo eterno. Les pedimos reverencialmente permiso para obrar con sus imágenes. 

La primera tarea de la investigación consiste en identificar a los sujetos que componen la imagen. Algunos son reconocidos y otros no. La idea es identificar al mayor número de personas de las fotografías. Para ello, indagamos con otras personas, confrontamos con otras fotografías o suponemos o deducimos por medio de conjeturas. Puesto que el proyecto pretende hacer justicia a las generaciones pasadas que construyeron las bases del teatro de hoy, se hace necesaria la identificación de cada uno. No siempre lo logramos. Al menos hasta ahora. Es muy probable que al hacerse público este trabajo, sea el público, como en una obra de creación colectiva, que nos ayude a la tarea de identificar, nombrar, denominar a estas figuras desconocidas para que existan o vuelvan a existir en nuestra memoria. 

¿Quién toma las fotos? Como dice Barthes en La cámara lúcida, frente a la fotografía no dependemos del ojo que mira sino, fundamentalmente del dedo que dispara. El obturador es en últimas, el que decide qué queda y qué no queda de lo fotografiado. El dedo puede traicionar al ojo. La fotografía entonces es una operación mecánica que responde a un impulso que puede originarse en el cerebro a través de la mirada pero que encuentra su circuito final en la relación obturador/dedo. ¿Quién dispara? Y, ¿ por qué lo hace? En este punto debemos advertir lo siguiente, pensando de nuevo con palabras de Barthes: la fotografía es inclasificable. O mejor aún, cualquier criterio de clasificación en la fotografía es deleznable. Paisajes/retratos/ naturaleza muerta/publicidad/etc. Pensaríamos que en nuestro caso, el material recogido puede clasificarse en una categoría aún más imprecisa: fotografía de aficionados. ¿Qué distingue el producto de un fotógrafo aficionado a un fotógrafo profesional? Creo que no necesariamente la calidad de la fotografía. Pienso que la distinción más objetiva y a la vez caprichosa es la firma. El fotógrafo aficionado no se preocupa por la firma, por la condición de autoría. Eso lo tiene sin cuidado. No es una afirmación de su nombre y de su prestigio. Es una pulsión, una emoción y una respuesta ante un reto. Me pregunto ¿porque estos negativos fueron “abandonados” por sus autores? Por distintas circunstancias estos negativos tendrían un destino común: el tarro de la basura. ¿Quiere esto decir que entonces fueron acciones insignificantes la de los fotógrafos? Me parece que no. Como fotógrafo aficionado tengo la experiencia de que seguir un espectáculo teatral desde la mirada de una cámara está motivado por la necesidad de descubrir aquellos elementos de composición que combina la forma y la luz de una manera tan especial, insólita y sutil que, incluso el ojo humano es incapaz de captar. Solo la cámara, con sus dispositivos mecánicos diseñados para este fin, tiene la virtud de recibir este mensaje de equilibrio exacto de distancia, luz, color y forma para que, mediante la acción del dedo del fotógrafo, se transforme en imagen perdurable. 

En la fotografía analógica no era posible ver de inmediato el resultado de la toma. Había que esperar el revelado del rollo en condiciones especiales de espacio y luz y así tener una primera idea de la calidad de la fotografía. Después venía la ampliación en papel y en esta imagen ya quedaba plasmada la experiencia total del fotógrafo. Tenían que pasar horas, en el mejor de los casos, o días o años para ver el resultado final. ¿Cuántos de estos rollos revelados, que están bajo nuestra custodia fueron traducidos al papel? No tenemos idea. Quizá, muchos de ellos solo fueron revelados y archivados y solo ahora, a través del proyecto Memoria de la Escena Teatral Caleña verán la luz. Esto marca una gran diferencia con la práctica de un fotógrafo profesional para quien su trabajo es sagrado y por lo tanto, dedica todo su cuidado en la conservación y uso posterior. El fotógrafo aficionado tiene con la fotografía una relación existencial determinada por la emoción del momento y por la búsqueda del efecto catártico que le permita dimensionar la pulsión por la toma. 

Esta es pues una exposición de fotógrafos aficionados que han vivido un tiempo privilegiado de grandeza del teatro colombiano, que han sido testigos o protagonistas de episodios trascendentales, que compartieron con seres y grupos míticos en la historia del desarrollo de cultura de la ciudad y del país, que tuvieron la fortuna de tener entre sus manos una cámara y pudieron registrar estos momentos irrepetibles para deleite nuestro. Dice Barthes que la fotografía “adquiere su valor pleno con la desaparición irreversible del referente, con la muerte del sujeto fotografiado, con el paso del tiempo”. Esta exposición es un resumen de todo esto. Por eso es probable que para muchos, el efecto primero de ella sea el de la nostalgia. Para otros, el descubrimiento de una realidad que, como en el caso de la arqueología, solo se descubre y valora tras un esfuerzo de comprensión sobre vestigios aparentemente inconexos.

Serie Retratos

Enrique Buenaventura

Escudriñar los pequeños elementos que permanecen ocultos y sugieren la presencia de algo más —una revelación imposible de entender pero presente en la intensidad de la luz, la posición de las manos, la dirección de la mirada, la forma del torso o del pie—, es el ejercicio que parece demandar el retrato de alguien; sobre todo, el retrato de un desconocido que no se encuentra en la memoria del observador. Este archivo le permitirá a quien lo observe “hacer volver atrás”, “sacar algo a la luz” y, de esa manera, regresar su mirada hacia atrás para detenerla durante el tiempo que desee. Recuerdos, anécdotas, información o elementos que constituyen la misma fotografía, será lo que surja después de ese encuentro entre la mirada de quien ha sido fotografiado y el intento de mirada de quien fotografió; la pulsión del fotógrafo, aficionado en su mayoría, que deseó comprometer su mirada y su dedo en la construcción de una representación que consideró necesaria. Quizá la razón más importante a destacar de este archivo sea que en él podemos hallar el recordatorio de que sin ellos, los reconocidos y los no reconocidos, esta memoria teatral que ahora intentamos rescatar por medio de fotografías, no habría sido posible.

Serie Representaciones

Obra: La casa de Bernarda Alba

Las fotografías de representaciones teatrales son un testigo fidedigno de lo que aconteció en el panorama teatral de los años 60, 70 y 80. La exclusividad de sus capturas y sus limitaciones temporales, hacen que el conjunto de piezas que permanecen contenidas en este archivo delimiten el panorama teatral, ofreciendo nociones de ese mundo. En este caso, la posibilidad de acercarnos a través de unas cuantas piezas teatrales, encuentros nacionales e internacionales, como también fragmentos del convivio, a algunos aspectos significativos de ese teatro que forjó nuestra tradición teatral. Estas, además de ser un valioso archivo documental, dan cuenta de la relación que se efectuó y se efectúa entre la representación escénica y la fotografía, dos artes de naturaleza y técnica distintas que, al momento de encontrarse, se fuerzan a reflejarse mutuamente. Teniendo en cuenta esto, las fotografías de las múltiples representaciones que reposan en nuestro archivo, se exponen como un invaluable material documental pero también como el resultado de una exploración fotográfica que debió enfrentarse a una serie de exigencias, posibilidades y limitaciones. Ir hacia atrás por medio del archivo fotográfico, detenerse en él y reflexionar en relación con nuestro presente teatral, es quizá el ejercicio más valioso que cualquier observador podría atreverse a generar después de visitar este archivo.

Serie Eventos

Festival nacional del nuevo teatro

Gracias a las obras teatrales, que como productos académicos de finales de curso se presentaban en Bellas Artes y en otros lugares de la ciudad, se formó un calendario teatral caleño que a su vez dio paso a la creación de un público para el teatro. Se presentaron numerosas adaptaciones en el Teatro Municipal de Cali con el grupo Teatro Escuela de Cali; sin embargo, la representación de La trampa de Enrique Buenaventura dirigida por Santiago García, hizo que las directivas decidieran disolverla. Fue la expulsión de cinco profesores de la Escuela Departamental de Teatro (Enrique Buenaventura, Helios Fernández, Luis Fernando Pérez, Fernando González Cajiao y Germán Cobo) lo que propició la creación de esa organización que se reclamaba con urgencia: La Corporación Colombiana de Teatro (CCT). Desde ese momento se produjo una adhesión masiva de grupos estudiantiles, empresariales y de barrios, hasta el punto de que la organización gremial acogía a casi la totalidad del movimiento teatral colombiano. La Corporación Colombiana de Teatro tuvo un desarrollo muy significativo en varias direcciones: la preocupación por el problema de la formación del actor, la búsqueda de un nuevo público, la cercanía con un público obrero y la búsqueda de una nueva dimensión teórica. Esta última se encuentra expresada en la infinidad de talleres, seminarios, charlas, conferencias, coloquios que La Corporación Colombiana de Teatro realizó durante su existencia como gremio. Esa gran actividad está recogida, de alguna manera, en las fotografías pertenecientes a eventos, donde se expresa la necesidad del gremio por darle un estatuto teórico a su práctica.


Si desea obtener más información sobre el proyecto, le invitamos a expresar sus inquietudes al correo jose.uribe@correounivalle.edu.co.